lunes, 22 de agosto de 2016

EL PROBLEMA DEMOGRÁFICO DE MEXICO


EL PROBLEMA DEMOGRÁFICO DE MÉXICO

Por J. Altamirano Hernández

      Desde todos los puntos de vista es indispensable que uno de los factores determinantes de la prosperidad del pueblo mexicano, lo sea la buena distribución de su población en el territorio nacional, al mismo tiempo que una organización económica que haga posible la intervención fructífera de todos los habitantes en la tarea de incrementar cada día en mayor escala la producción nacional, en todos los ámbitos del país.

      Ni en los lejanos tiempos de la dominación azteca, ni en tiempo de la colonización española y tampoco en las últimas épocas, ha habido una buena distribución de pobladores de nuestro país; concentraciones casi monstruosas en áreas reducidas y por otra parte la existencia de amplias extensiones pobladas débilmente y otras completamente deshabitadas, muestran un panorama pleno de desequilibrios que repercuten perjudicialmente en la economía y la cultura nacional.

      En los lugares en los que existen medios suficientes para condicionar la prospera existencia de amplio número de habitantes, como son las ricas zonas costeras del país, las tierras feraces del Sureste y otras cuencas interiores propias para la agricultura y ganadería, no existen núcleos pobladores y se abandonan al desperdicio de las riquezas naturales que de otro modo bien aprovechadas, significarían mucho en la integración del poderío económico y la cultura de la nación. En cambio, en donde se han practicado exhaustivas explotaciones de los recursos naturales e incluso hasta en lugares en que una inexplicable adhesión al medio geográfico que no prometen nada, mantiene a poblaciones de vida precaria, se encuentran elevadas cifras demográficas, y todo revela la falta de normas económico-políticas que hagan posible una buena distribución de la población mexicana.

      Fundamentalmente el problema tiene que remitirse a una causa primaria que es la carencia de medios para procurar la explotación provechosa de los recursos naturales, la falta de centros de trabajo y de cultura en los diversos puntos del territorio nacional, y por tal motivo, la afluencia desproporcionada de individuos a los pocos lugares con más desarrollada vida material y cultural.

      El ejemplo lastimoso de la ciudad de México, con características de ciudad monstruosa, en donde se codean la miseria más desesperante con la más ostentosas de las riquezas materiales, el analfabetismo con las altas manifestaciones de cultura, los sistemas más modernos en el desarrollo de la industria y del comercio con las más elementales y hasta ridículas actividades en el mimo renglón, es la muestra más visible de la realidad que se observa en el país si se mira serenamente el desenvolvimiento de nuestra vida social.

      Se encuentra superpoblada la capital de la República, porque solamente aquí, en la ciudad, se puede encontrar en mayor número las fuentes de trabajo y los centros de preparación técnica profesional y subprofesional y porque, como es natural, aquí se encuentra el centro director de las actividades políticas que en cierto modo han servido y sirven de “modus vivendi” a gran número de personas.

      Se impone la necesidad de conducir las realizaciones materiales que buscan el progreso de México hacia el ideal de constituir hasta en los más apartados rincones del país, las fuentes de trabajo y de saber que atraigan a su seno a la población que hoy se reconcentra en pocas ciudades y de llegar, incluso a modificar, si es necesario, la legislación nuestra para reglamentar, con base en la necesidad de procurar el bienestar social, la distribución de la población mexicana.

      No se debe partir de la tesis de que el mexicano es libre de radicar en donde le dé la gana, al analizar el problema demográfico nacional, sino de la idea de que el individuo debe instalarse necesariamente en el medio geográfico y cultural que mejor convenga a su interés de vivir en buenas condiciones y de contribuir al mismo tiempo al procuramiento del bienestar común.

      Muchos individuos viven, equivocándose, en el ambiente citadino, con la creencia de que no causan perjuicios a la colectividad con el simple hecho de su inadaptabilidad al medio, creyéndose muchas veces hasta necesarios en la situación, cuando en realidad desperdician sus energías que en otras regiones del país producirían magníficas realizaciones, y gastan inútilmente los satisfactores reservados a los que desarrollan actividades que realmente encuentran ambiente propio únicamente en la metrópoli.

      El hecho incontrovertible de la escasez de fuentes de trabajo y de estudios superiores en la provincia, se ha querido explotar, hasta en los planos ya injustificados, para explicar la desmesurada inmigración de provincianos a la capital, lo cual no tiene razón de ser, por que salta a la vista que no todos los inmigrantes, incluyendo los extranjeros, son precisamente capaces para los trabajos que se desarrollan en la ciudad y la afluencia, por ejemplo, de estudiantes con bajo nivel de aptitud para los estudios superiores produce una crecida superpoblación escolar que repercute en deficiencias de la educación y en la producción desmedida de profesionales mediocres.

      No se quiere, por supuesto, limitar sin consideraciones serias, la población en la ciudad de México, como caso concreto, pero sí se debe tener en cuenta que la libertad de radicar en un lugar está condicionada no solo por el interés particular sino por algo que está encima de todo eso y que es el interés colectivo, y que existe el imperativo de cultivar el espíritu emprendedor en el mexicano, para que vuelva sus ojos a la provincia, hoy desangrada y contribuya patrióticamente a crear y utilizar centros productivos allá, y afirmarse en los lugares nativos, sin mengua de sus relaciones económicas y culturales con los demás lugares de la geografía, como paso para afirmar la nacionalidad en todo el país y estructurar una prosperidad orgánica que tanta falta hace a la nación.


NOVEDADES, 12 DE JULIO DE 1957.

OAXACA DEBE RESURGIR.

OAXACA DEBE RESURGIR
                                                                            Por J. Altamirano Hernández

      No se trata de un pueblo que no tiene con qué responder a las  exigencias de la economía y de la cultura del mundo contemporáneo.

      Oaxaca está en la situación de quien no pone en ejercicio las facultades creadoras de su naturaleza bien dotada y deja caer en la desidia la indiferencia y hasta en criminal olvido su potencialidad integral.

      De un tiempo a la fecha se ha notado crecer el desvinculamiento del pueblo oaxaqueño de la etapa progresista que vive el México de hoy, cosa que salta a la vista si se toman en consideración todos los aspectos en que Oaxaca está a la zaga de otras regiones políticas y económicas del país y si se enfoca el problema en lo que es el verdadero pueblo oaxaqueño y no en la minoría privilegiada a quien se le ha dado por ostentarse representativa de la Patria heredera de Juárez.

      Si se ahonda en el estudio del problema se llega a la conclusión de que la desconsideración de Oaxaca, desde los puntos de vista político y económico en el desarrollo de la vida nacional –-cuestión que está fuera de duda con las ratificaciones del hecho que nos muestra las últimas páginas de nuestra historia en el presente siglo--, obedece en principio a la no continuada movilización de las potencialidades que encierra la rica geografía física y el material humano de aquella entidad.

      Se ha quedado estancado el progreso en la mayor extensión del territorio oaxaqueño. En la Mixteca, en el Valle, en la Cañada, en la Costa, en la Sierra y en el Istmo, todavía no adelanta la tecnificación de las producciones del campo y del taller y sigue bajísimo el nivel de vida de los habitantes.

      Si no nos debe parecer extraño tanto atraso, como en el que se observa por igual en la mayor parte del territorio nacional, advierte sí, en cierto modo, la existencia de una escasa visión patriótica, un culto a los localismos en los planes nacionales para el incremento de los factores que determinan el progreso de los pueblos, no obstante la buena dirección que se ha querido imprimir a ese tipo de actividades por los regímenes revolucionarios.

      Es sensato admitir que no tiene Oaxaca por qué estar esperanzado de las atenciones y dádivas de la federación; pero en un sistema económico-político en que se pone en ejercicio la práctica de la remisión de los recursos nacionales al procuramiento de la prosperidad de regiones con escaso desarrollo, es natural pensar que es de justicia la consideración de Oaxaca en la planificación de los trabajos que tienden a estimular la estructuración de prósperas fuentes de producción y de consumo en esos lugares, como paso para lograr que se constituyan posteriormente, por sí mismos, en centros de prosperidad regional y en factores valiosos en la integración de la vida económica y cultural de todo el país.

      Y esto no ha sucedido, hasta ahora, en escala considerable para Oaxaca.

      Se debe salir del círculo vicioso que plantea el entendimiento de que si la participación política crecida de una entidad  en la vida común, procura su mejoramiento económico, o viceversa, que su potencia material la que determina su influencia en la situación, para concederle a este último concepto su categoría de verdad única y valedera. En este sentido, Oaxaca, no debe confiar a la generosidad de la Federación la manera de allegarse de recursos necesarios a su desenvolvimiento, ni debe seguir pensando en que el aumento de políticos nativos militantes en las esferas gubernamentales le va a llevar la savia de la vitalidad, de la prosperidad y de la influencia definitiva en los destinos de la nacionalidad.

      Padecemos de falsos líderes del pueblo oaxaqueño; se sufre con coraje la suplantación de nuestros auténticos valores por advenedizos que ponen en predicamento la fama tradicional de Oaxaca como cuna de políticos patriotas de intelectuales de prestigio bien ganado y de hombres y mujeres amantes del trabajo honesto, que sirven a los destinos superiores del pueblo.

      Pero, en todo esto el mismo pueblo oaxaqueño tiene gran parte de la culpa. Se deja llevar por la corriente de la indiferencia, de desidia, de abulia, de conformismo y mira con los brazos cruzados que personas ajenas a sus necesidades, a sus sentimientos y a su realidad moral y material les impongan su voluntad enfermiza. 

      Los brotes de descontento con la situación a que se tiene condenado al pueblo, revelan que late todavía en la sangre oaxaqueña la rebeldía de sus ancestros, su capacidad y su voluntad de superar las dificultades. Hágase un viaje a los pueblos olvidados de la Mixteca, de la Sierra, de la Costa o del istmo y se verá que no faltan personas bien intencionadas, sinceras, honestas, veraces y capaces, que son el prototipo de los que deben tomar las riendas del progreso en el estado.

      Oaxaca se da a discriminar en sus propios lares y ante la misma nación, teniendo elementos de que echar mano para la elevación de sus destinos. Su postración, notable si se mira sin prejuicios su pobreza actual, no tiene razón de ser, si cuenta Oaxaca con la herencia de sus gloriosos antepasados y la voluntad y capacidad creadora de sus hijos en la hora presente.

      ¿Qué no es fácil el trabajo de superar la realidad que vive el pueblo?...En eso precisamente estriba la gloria de los hechos que siempre ha buscado el oaxaqueño.

      Existen ricas extensiones de tierras feraces, vetas magníficas de minerales, costas pródigas, bosques maderables extensos y muchos obsequios más de la Naturaleza en Oaxaca. Hace falta únicamente que el oaxaqueño encause bien sus energías y levante con la fuerza de su talento y de sus brazos, impulsado por el coraje de verse relegado al olvido, una nueva visión de su pueblo y demuestre una vez más que Oaxaca es parte importantísima de México, jirón de tierra que no debe despreciarse jamás en la vida nacional, por que ha dado frutos que han honrado y han sido de utilidad a la nación y sigue prometiendo un noble servicio a la tarea de enaltecer a México.


LA ECONOMÍA Y LA EDUCACION


LA ECONOMÍA Y LA EDUCACIÓN
Por J. Altamirano Hernández*

En los momentos actuales, en que se nota la agudización de la crisis de los valores morales y el inminente naufragio de los ideales y de las conquistas mejores de la Humanidad en el océano de la mediocridad y de la criminalidad desenfrenada, resalta la importancia de la educación como instrumento necesario al buen encauzamiento de la conducta humana.

      La educación del hombre es el conjunto de los principios morales que rigen su vida con normas de elevación espiritual, ajena a los fanatismos, y de los conocimientos prácticos e intelectuales que forman de su persona un elemento útil a sí mismo y a la sociedad en general.

      Ese concepto elemental y básico de la educación no debe mixtificarse con la adopción en torno a ella de posturas inspiradas en ideas que en vez de contribuir al logro del forjamiento de las personalidades útiles que la sociedad requiere, instituyen como regla la formación de elementos deformes, incompletos o mal orientados que solo van a engrosar las filas de la delincuencia y del parasitismo social.

      No se aspira a la formación de legiones geniales en nuestras aulas, no se busca la integración de excepcionales mentalidades en serie en nuestros planteles, pero es  meta de la educación actual estructurar las personalidades de utilidad social que el desarrollo de la técnica, de la ciencia y del arte requiere de manera urgente para su perenne superación.

      La educación de la mente y del organismo físico constituye la máxima esperanza de la Humanidad para la formación de avanzadas generaciones que perpetúe su marcha ascensional en el devenir del mundo, de tal manera que ante la importancia vital de la educación y de la necesidad de su incremento resultan siempre pequeños todos los esfuerzos, escasos todos los recursos e incompletas todas las realizaciones.

      La noble ciencia de la educación, como superestructura social, necesita para su auge en beneficio de las amplias capas de la población, de un acondicionamiento adecuado en los puntos básicos de la vida de la sociedad, que son: la economía y la administración de ésta y de sus consecuencias, que es la que constituye propiamente la política. Es por esto que una revolución social, cuando quiere llenar íntegramente su cometido modifica juntamente con métodos, planes y programas educativos, todo el engranaje que mueve al sistema de producción y de distribución de las riquezas sociales, porque así se modifica de raíz la situación, en vista de que aquel engranaje es el que condiciona todas las formas de vida social, y de la política progresista que se aplique al mismo dependerá una existencia mejor y una educación verdaderamente satisfactoria de los más caros intereses colectivos y de la cultura misma.

      Las recientes declaraciones de las autoridades educativas a la prensa nacional, sobre el carácter y las proporciones del problema de la educación en el país, coinciden, por fortuna, en el fondo con tesis sustentada por la mejor fundada doctrina que guía el estudio de los fenómenos sociales, en el sentido de que otorga a la realidad económica su importancia como factor que decide la conformación de las superestructura sociales, de entre las cuales la educación ocupa señalado  lugar.

      Esencialmente, el carácter del problema educativo en nuestro país es de tipo económico. No hace falta en México orientación magnífica a la tarea de educar a las nuevas generaciones, ni falta voluntad ni escasean aspiraciones mayúsculas en el ánimo de nuestro pueblo; tampoco nos faltan intelectos capaces de iniciar y continuar una próspera marcha  de la educación y de la cultura en general, porque lo que es en México, como digno ejemplo de las países latinoamericanos que luchan por conquistar mejores posiciones en el concierto de las naciones civilizadas y que no desmerecen al lado de las mejores potencias del mundo, existen insospechadas aptitudes en el material humano, que se encuentra presto a integrar las legiones avanzadas de la cultura moderna.
     
      Nuestras luchas por mejorar el nivel cultural del pueblo, reconocen en esencia como base para la obtención de sus óptimos frutos, la transformación positiva de la economía nacional, el acondicionamiento adecuado de las capacidades naturales del medio para la  satisfacción de todas las necesidades mediatas e inmediatas de la sociedad; y la educación, que comprenden un amplio aspecto del problema de mejorar las condiciones de vida humana, tiene que remitirse necesariamente, en los principios causales de naturaleza, a la base de toda conformación social que es la economía.

      Los elementos de la educación ya han prendido en las mentes y en la acción de los mexicanos. Lo que hace falta es orientar esa considerable preparación del pueblo hacia el propósito de mejorar el acrecentamiento inmediato de los bienes nacionales, por cuantos medios sea posible, como paso para consolidar un poderío económico que haga posible el florecimiento de las formas superiores de cultura.

      El pueblo mexicano aspira a la integración de una educación verdaderamente superior; pero esa educación no se logrará si no se aprovechan los rudimentos que se tienen para afirmar la capacidad del pueblo y satisfacer sus necesidades inmediatas. Hay que orientar las actividades hacia el fin aquél con los elementos de que se dispone.

      La educación resulta más que nunca necesaria en los momentos críticos que vive la Humanidad y si para su desarrollo en términos mejores y hacia metas más elevadas, se sacrifican otros anhelos no inmediatos y si su atención se cobra también con tributos del heroísmo y de la mártir abnegación, se puede decir, aun así, que cuanto por ella se hace será poco todavía, aunque muy significativo, pues toda intensificación de la labor educativa encuentra recompensa en el mejoramiento continuo de las posibilidades de acrecentar la felicidad del hombre.



NOVEDADES, 19 DE ABRIL DE 1957.

domingo, 26 de junio de 2016

INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA CULTURA ZAA





INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA CULTURA ZAPOTECA.

                           Por Aurelio Altamirano Hernández

                          A la memoria de Carlos Iribarren Sierra

1.  Origen del pueblo zaa a la luz de la historia y la leyenda.    
2. Denominación correcta del grupo étnico. 3. Etimología de binnigulazaa; rectificación a varios conceptos erróneos. 4. La filosofía de la cultura zaa. 5. Su concepto de la fraternidad: Guelaguetza.  6. Problemas relativos al idioma zaa, necesidad de una sistematización del estudio de la lengua.

1.   En  la cultura zaa la aparición del hombre sobre la faz del mundo ocurre a la manera que lo describen otras conspicuas culturas de la antigüedad,  atribuyéndola a cierta divinidad. Las primeras ideas sobre el origen de los binni zaa las ilumina la leyenda. Cuenta la tradición que los primeros pobladores descendieron como palomas de una nube blanca que cubrió la tierra y depositó en los valles y montañas el espíritu de una raza llamada a grandes destinos. Posiblemente la leyenda toma en cuenta que una de las traducciones de zaa significa nube.
El nombre de la deidad generatriz de los zapotecas es Pitao. Este término está castellanizado; su fonética más próxima a la  original es  Bidoo ( de bi, viento; doo, inmenso, éter infinito, dios) que en la lengua zaa más recientemente se traduce como santo.
Los antiguos pobladores del país en que floreció la  cultura de Monte Alban y Mitla fueron sucesivamente los zapotecas y  mixtecas. Los llamados zapotecas, cuyo nombre original en lengua zaa es binni zaa, recibieron aquel nombre  náhuatl porque según una antigua  versión etimológica se les consideraba descendientes  de corpulentos árboles de zapote que crecían en las márgenes del río Atoyac que pasa cerca de Oaxaca.  Los mixtecas se consideran también descendientes de las nubes como los zapotecas,  siguiendo el curso de sus mitos y leyendas. Pero es necesario afirmar hoy día, que ni los zapotecas ni  los mixtecas descienden de los árboles de zapote ni de las nubes.
Desde el punto de vista histórico está pendiente todavía de resolverse la delicada cuestión  relativa al origen de los binni zaa; se conocen motivos numerosos para suponer que los binni zaa, como los mayas, quichés y otros pueblos antiguos que habitaron  el sureste de México y gran parte de Centroamérica  derivan con los aztecas de un tronco común; es posible  que pertenezcan a una corriente migratoria procedente del Caribe que interactúo con otros aborígenes  y dio por resultado diversas expresiones de la antigua cultura  mesoamericana. De hecho,  el origen de los zapotecas y de otras etnias es un tema enmarcado en la cuestión más amplia que comprende el origen del hombre americano. Cuando los europeos llegaron a América el continente estaba poblado, desde Alaska hasta la Patagonia, pasando por los pueblos centroamericanos. Si los habitantes de entonces procedentes  de Asia cruzaron el estrecho  helado de Bering o llegaron de la Polinesia en frágiles embarcaciones a Perú, o se internaron al continente por la península de Yucatán (los mayas)  y las costas del Golfo de México (los olmecas) es una cuestión   todavía pendiente de dilucidar. El hombre es un eterno migrante, recorre todos los caminos impulsado por sus propias necesidades físicas e intelectuales o por las vicisitudes generadas por el medio geográfico.

El comercio precolombino entre los pueblos de América del Norte y  América del Sur se realizó seguramente  entre los binizaa y los indígenas del Perú, por la vía marítima del Océano Pacífico. Los pueblos huave son probablemente restos de los poblados fundados por los marinos procedentes del sur; sus características presentan  notables diferencias si se comparan  con otras etnias de la región mesoamericana. Una migración incaica que se dirigió más al Norte ha de haber fundado la antigua civilización purépecha, en lo que ahora es Michoacán y cuyos orígenes hay que rastrear con mucho cuidado.
El Dr. Luis Alberto Sánchez  exrector de la Universidad  de San Marcos (Lima, Perú) en una ocasión afirmó que en el Perú algunos poblados fueron bautizados en una lengua mesoamericana, seguramente huave y  como se ha dicho antes, aquí en nuestro ámbito geográfico están los pueblos “huavi” o “huave” con características  biofísicas, lingüísticas y de idiosincrasia de cuyo origen no se tiene información completa..
No es probable que los binizaa procedan de una migración de pobladores de Asia que se adentró en tierras americanas y se asentó después de largo peregrinar en varias regiones  de lo que hoy es América del norte y parte de la altiplanicie mexicana. En los desiertos del Norte de México y más allá del río Bravo no hay evidencias de que hayan florecido civilizaciones que pudieran servir de antecedente a las culturas de Mesoamérica, entre estas la zapoteca o zaa. Sólo queda en pie la hipótesis de que Tula y Teotihuacan hayan influido en la conformación de la cultura zapoteca; pero incluso la cultura teotihuacana tiene que ver con la posible emigración caribeña que se ubicó más al Norte después de fundar la cultura de La Venta en lo que actualmente es territorio tabasqueño y la de San Lorenzo y Tres Zapotes en las tierras del actual Veracruz.  . Los aztecas hablaban de Aztlan o Atztlan como remoto lugar de origen: en náhuatl atl significa agua y tlan lugar o comarca, de donde se infiere que se trata de una extensión de agua,   significativa  de  mar u océano que  puede  ser el golfo de México o el mar Caribe en el océano Atlántico.
Existe la creencia general  de que hubo emigraciones que se internaron en América a través del Estrecho de Bering y no deja de ser interesante  suponer que pudieron haber arribado otras en América meridional, procedentes de la Polinesia, en rudimentarias embarcaciones que siguieron el curso de las corrientes marinas del Pacífico del Sur. Notables investigaciones como las realizadas con el  viaje experimental  de Perú a la polinesia de la expedición Kon Tiki abonan a favor de esta hipótesis;  aunque hay investigadores que afirman que los hechos ocurrieron al revés, que los antiguos marinos peruanos fueron los que poblaron la Polinesia. De cualquier manera se ve factible el intercambio migratorio  entre ambos territorios:  Polinesia y Sudamérica..
Por otra parte, el origen de los mayas y de los olmecas en el sur de México apunta a que es el producto de las migraciones procedentes del Caribe. Se trata de pobladores que  arribaron al continente poseyendo una cultura avanzada, como lo prueban las construcciones  que edificaron y que no son copias de alguna creación preexistente en las tierras que ocuparon. Las causas de la migración caribe a tierra firme han de haber sido las mismas que obligaron a los polinesios a emigrar: inundación de las tierras por reacomodos de la corteza terrestre o por el deshielo de las masas polares.
Hay una realidad que hay que tomar en cuenta para dilucidar la  cuestión del origen del hombre americano.  Las numerosas islas del Pacífico Sur  y el Océano Ïndico se ven como restos de eminencias montañosas de un continente que fue inundado a resultas de algún catastrófico hundimiento de la corteza terrestre o bien de una elevación inusitada del nivel del océano como consecuencia de grandes deshielos a finales de la era glacial. Los primitivos pobladores  han de haber emigrado hacia el Oriente, en busca de nuevas tierras altas y arribaron a las montañas del Perú, en donde fundaron la cultura incaica y sus admirables construcciones de Machu Pichu, precisamente en tierras altas a prueba de inundaciones.   Una muestra  de la migración de  Asia hacia América son los restos de esculturas y pictogramas de la isla de Pascua, que no tienen explicación autóctona. Las esculturas son de personajes barbados y con bonete que recuerdan a sacerdotes  del viejo mundo oriental.
Una vez situados en América del Sur, los migrantes polinésicos deben haber realizado exploraciones marítimas siguiendo la línea costera  del Pacífico y de este modo un grupo debió arribar a  las costas oaxaqueñas. Surge aquí la interrogante de que si ese grupo desembarcó, traspuso la faja costera insalubre y prosiguió tierra adentro, hasta los montes y valles, para fundar la cultura zaa, cuestión muy difícil de argumentar. Sí se sabe que los huaves llegaron a poblar las  tierras situadas  más al norte de sus actuales posesiones (por el rumbo de Jalapa del Marqués), de donde fueron expulsados por los zapotecas en su avance hacia el Istmo.  Los huaves  son    una etnia más cuyo  origen hay que investigar.  No llegaron a constituirse en  un elemento de enlace de las culturas inca y zaa, quizás por la enorme distancia geográfica entre una y otra.
2.   El nombre del pueblo zaa en lengua náhuatl es zaapochtecatl, que finalmente el castellano transformó en zapoteca.  La etimología de zaa ó zee, tanto en náhuatl como en lengua zaa significa uno ó primero y pochtecatl, en náhuatl significa comerciante. El término zapoteca es empleado en la casi totalidad de los estudios que se han realizado sobre la cultura zaa; pero es recomendable una campaña de rectificación para que se restablezca  la denominación correcta que es binnizaa.
Enrique  Lieckens, investigador juchiteco  de la cultura zaa se aproxima a la verdad cuando sugiere el uso del término zaateca en lugar de zapoteca, aunque no se llega al meollo de la cuestión, pues zaateca es un vocablo híbrido, zaa y náhuatl castellanizado. En cambio, binnizza está  integrado con elementos propios del idioma, cuya fonética y semántica se definen con claridad.

3.   Respecto a la etimología de binni gula zaa  o vinnigulaza hay diferentes versiones que es necesario examinar con cuidado.
La traducción de sus términos estructurales: binni , gula y zaa, se presta a interpretaciones muy encontradas, debido a la fonética propia del idioma zaa, en la que abundan las palabras homófonas con significados diferentes.
Un ejemplo de estas traducciones es la acepción del vocablo binnigulazaa, versión  de Andrés Henestrosa, que define a los términos gula como “que disgregó” ó como “que dispersó” y zaa como danza o baile, por lo que se llega a la definición de “gente que dispersó la danza”, la cual está más alejada de la etimología correcta. Basta observar que las fiestas, danzas y demás festividades en vez de apartar a las gentes, en lugar de disgregarlas las juntan, las reúnen.
Y como ésta otras definiciones se pierden fácilmente en los laberintos fonéticos y semánticos de la lengua zaa y atribuyen a binnigulazaa significados a cual más extraños. De tal suerte conocemos los siguientes:
a.   Binni gulá sáa, gente que deshizo la fraternidad; de binni, gente, gulá, acción de romper y sáa, concepto de hermandad.
c.    Binni gú lasa, gente de la raíz del laasa; de binni, gente; gú, raíz y laasa, cinta para atar obtenida de corteza de un árbol.
d.    Binni gula saa, gente que nació de las nubes; de binni, gente; gula, nació y saa, nube. Tiene esta etimología cierto interés por su conexion con el concepto legendario del origen de los binnizaa.
e.   Binni gula zaa, de binni, gente; gula, mayor o antigua y saa, hermano. Nos da la definición de los “antepasados del pueblo hermano, o los mayores del pueblo hermanado.
f.   Bi ni gula saa, viento que deshizo a la nube; de bi, viento, ni, que; gulaa, deshizo y saa, nube.
Dando rienda suelta a la fantasía, se pueden formular varias definiciones más, pues cada sílaba de los vocablos usados con ligeras modificaciones del acento puede significar diferentes cosas.

4.   La filosofía de la cultura zapoteca parece ser eminentemente naturalista. Considera al aire y al fuego como elementos creadores. Así, Pitao o Bidoo, ente creador (viento inmenso, éter infinito, dios) es una visión materialista del origen del universo. No adolece tal concepto de los defectos inherentes a otros cultos de dioses antropomórficos y en tal sentido representa un notable avance cultural.
Bidoo encierra el concepto de bi, viento, aire o éter como elemento generador. El fuego está representado por el sol, Guebidya o Gubidya, de gue ó gui, fuego; y bidja o bidya, sacerdote mayor  o pontífice zapoteca que la interesada definición del conquistador español tradujo como chaman ò brujo. El sol es entonces en la filosofía zapoteca el fuego del creador, la antorcha del pontífice que gobierna los mundos.
Entre los zapotecas es común la creencia de que la personalidad del ser humano tiene una faceta oculta o misteriosa a la que denominan su sombra, lo mismo que en otras culturas se conoce como nahual o como subconsciente. Se cree que una fuerza material se puede posesionar del espíritu de una persona y concederle facultades extraordinarias.
Conocí en Petapa, narrada por los ancianos, la leyenda del dragón baala zaa o benda yuze que fue fulminado por Guzíu o Cozío. Cuenta la tradición que después de una larga sequía, una tromba causada por baala zaa (culebra de las nubes) desbordó los ríos, inundó los campos y amenazó destruir al pueblo con lluvias torrenciales que no paraban día y noche. Cuando las aguas tormentosas arremetían en broncas olas sobre la colina en que se alza el templo principal y las aguas que “vomitaba el dragón” empezaban a inundar el recinto sagrado, un niño llamado Cozío (rayo) subió a las nubes y descargó sus dardos centelleantes sobre la bestia. Descendieron las aguas, cesó el ronco sonido de las fauces del dragón, desapareció la tormenta y la tranquilidad volvió a todos los moradores de la región. El niño nunca regresó y solo se adivina su presencia cuando se ven los relámpagos y se escuchan los truenos que anuncian la presencia del rayo y de la lluvia  en guziguié o temporal.
El pensamiento zapoteca establece una íntima relación del hombre con la Naturaleza.


5.   El vocablo zapoteca Guelaguetza ha sido motivo de controversias sobre su significado. Es frecuente encontrar en la literatura que habla de los zapotecas la definición de guelaguetza como ceremonia o festividad. Tal definición es solamente superficial.
La guelaguetza se manifiesta, en efecto, en una ceremonia; pero su significado esencial se remite a un concepto de nacionalidad, a un sentimiento de comunidad y, consecuentemente, a la idea de la fraternidad y de la ayuda mutua.
El socialismo primitivo entre los binnizaa se manifiesta en actividades mutualistas que se alimentan en un arraigado culto al parentesco. Guelaguetza significa un concepto de pueblo (guela guetze, guenda guidchi) un sentimiento de paisanaje y de parentesco que da lugar a una acción de cooperación y solidaridad.
Guelaguetza se transforma en Guendalisáa en la variante zapoteca del istmo de Tehuantepec, y adquiere definición de sentimiento fraterno. Es preciso hacer hincapié en que no existe una completa equivalencia entre estos vocablos, Guelaguetza tiene una definición más amplia, como se puede observar de un análisis  de sus vocablos estructurales: Guela o guele significa atributo,  condición de ó acción de; guetze , gaetzae o guidchi (dependiendo de la variante zapoteca de que se hable) significa pueblo, comunidad, territorio o nación. Con un criterio más amplio se puede considerar que guelaguetza y guendalizaa son sinónimos.
Feliciano García Rueda, originario de Petapa y estudioso de la lengua zapoteca, considera que guelaguetza es sinónimo de guelegucanóo  o  guendagucanée que significa cooperación. La cooperación entre los paisanos cuando se trata de construir una casa, celebrar un casamiento, sufragar los gastos de un entierro, etc., es el resultado de un sentimiento cívico que se sublima hasta llegar al patriotismo heroico en los momentos culminantes de la vida del pueblo zapoteca.
Son muchas las aberraciones que aparecen en los trabajos que tratan de desentrañar el origen y la evolución de la cultura zapoteca. Una defectuosa traslación de los vocablos aborígenes al castellano y una peor representación gráfica de los mismos con el alfabeto latino ha conducido a una situación caótica, sobre todo cuando se trata de interpretar la escritura del idioma en sus variantes, que son numerosas y se hablan en las sierras Norte y Sur, los Valles Centrales y el Istmo.

6.   No todas las letras del alfabeto latino son útiles para escribir los sonidos del diidcha zaa. Cualquiera que intente escribir los  vocablos indígenas con las letras propias de las lenguas romances, tropieza con la dificultad de representar fielmente los sonidos exóticos de la lengua zapoteca. La escritura no concuerda con la pronunciación típica de las palabras en el idioma zapoteco original.
Ese defecto, común a todas las lenguas, se encuentra acentuada en  todas aquellas que  por una razón u otra no poseen un alfabeto propio y por su estructura muy compleja han tenido que adaptarse y desfigurarse al acomodar su escritura a un alfabeto extraño. Tal cosa ocurre con la lengua inglesa,  y lo mismo se observa en las lenguas romance que no obstante su común origen latino han tenido que ajustar trabajosamente su pronunciación a un alfabeto común.
La similitud que hay entre los sonidos de las lenguas orientales y los del idioma zapoteco, permite asegurar que con los signos escriturales de aquellas lenguas se puede representar mejor la escritura zapoteca. No queremos decir que hay que cambiar de alfabeto latino al sánscrito, o al cirílico, por ejemplo; sólo queremos señalar que es necesario adecuar el alfabeto latino para que sea mejor utilizado en la escritura del idioma zapoteco.
En la primavera de 1955 se realizaron  en la ciudad de México (sala Manuel M. Ponce del palacio de Bellas Artes) varias reuniones que entre sus más señalados resultados aportaron la formulación de un alfabeto,  que basado en su totalidad  en el latino aporta nuevos elementos útiles para la mejor representación gráfica de los vocablos zapotecas. Merece destacarse la labor de Gabriel López Chiñas, impulsor del proyecto.

Entre los estudiosos del idioma zapoteco, nacionales y extranjeros, no se practica ningún acuerdo para la escritura del idioma, salvo escasas excepciones como Víctor de la Cruz, Vicente Marcial y uno que otro.  Cada quien escribe las palabras como mejor le parece, no obstante que existe un alfabeto propuesto en las reuniones de 1955. En consecuencia se ha creado una situación ciertamente caótica, cuando se trata de leer las producciones literarias de las diversas variantes  zapotecanas.
Es necesario que el estudio de las lenguas zapotecanas comprenda un sistema que tome en cuenta los más remotos orígenes del idioma y abarque todas las variantes que se hablan en Oaxaca, en las sierras Norte y Sur, los Valles Centrales y el Istmo de Tehuantepec.

Publicado originalmente en la Revista Guiengola, Tehuantepec, Oax. Actualizado en Junio de 2016.








jueves, 23 de junio de 2016

PRESENCIA DE MI MADRE. Poema.



PRESENCIA DE MI MADRE

Abro esta breve pausa en mi agitada vida,
Cuando el recuerdo de tu imagen tan querida,
Envuelta en halos de ternura incomparable,
Mi mente extrae de su arcano indescifrable.PRESENCIA DE MI MADRE

No tengo nada que ofrecerte, ¡Madre mía!,
Si no mi corazón henchido de alegría;
Las tiernas notas de mi lira emocionada
Y mi alma a veces triste hoy regocijada.

No tengo ni siquiera flores que ofrecerte,
Y  menos la fortuna de poder mirarte
En este día tan hermoso en que viniste
Al reino de la vida que después me diste.

Te entrego estos versos,  inspiración y angustia,
Que forman todo el patrimonio de mi mustia
Colmena sin  miel, solo   plena de   cariño
Y devoción que yo te guardo desde niño.


No tengo más que darte, Madre idolatrada
Después del mismo ser que tú me diste. Nada.
El triunfo se me muestra aún inaccesible.
El mundo  es para mí un ser inconmovible.

Quisiera en breve tiempo engalanar tus sienes
Con ramos de laurel a que derecho tienes,
Ganando en las humanas lides mil honores
Para cubrirte de ellas cual si fueran flores.

Mis pocas horas de fugaz contentamiento
Las vivo bien teniéndote en el pensamiento.
Y no me importa que me ofendan  en la vida
Si sé que en tu corazón me das cabida.

Me llena de valor en el combate rudo
Tu bendición que llevo al frente como escudo.
Tu luz me guía, tu calor a mi ser  reanima.
Tu amor me ampara, ¡Madre, ganaré la cima!.

AURELIO ALTAMIRANO HERNANDEZ.
México, D.F., 24 de diciembre de 1954.


EL VERSO. Poema.





EL VERSO

El verso es pensamiento que en el fondo
Nos muestra  en un sentido figurado
Un  fino sentimiento, puro y hondo,
En rítmicas estrofas expresado.

No tiene de la prosa el más decente
Afán de violentar en  la medida
Los cánones, la ley; pues solamente
Con métrica el poema cobra vida.

Decir en verso nuestras concepciones
Del mundo y de la vida  no es hacer
Libérrimas cadenas de oraciones,
Por más que bellas sean o puedan ser.

Misión del verso, de la poesía,
Será  por siempre hacer sin concesiones
Que el ritmo, la cadencia y la armonía
Dominen del lenguaje las creaciones.

Si se huye de las reglas, me parece
Que   así dejar los versos es mejor
Que al margen de la métrica florece
La prosa hermosa en todo su esplendor.

Por más que el verso evolucione, sigue
Guardando su carácter principal
De ser el arte que encerrar persigue
En bellos moldes la expresión verbal.

El verso nada tiene de ficticio
En su estructura y  también en su juicio.
Que aun en su dogmático ejercicio
La forma cuida sin causar perjuicio
Al fondo del asunto que plantea.
Del arte auténtico es la gran tarea
De condensar la esencia de una idea
En bellas formas que el ingenio crea.

AURELIO ALTAMIRANO HERNANDEZ   
México, D.F., 26 de junio de 1955.


EL VERSO

El verso es pensamiento que en el fondo
Nos muestra  en un sentido figurado
Un  fino sentimiento, puro y hondo,
En rítmicas estrofas expresado.

No tiene de la prosa el más decente
Afán de violentar en  la medida
Los cánones, la ley; pues solamente
Con métrica el poema cobra vida.

Decir en verso nuestras concepciones
Del mundo y de la vida  no es hacer
Libérrimas cadenas de oraciones,
Por más que bellas sean o puedan ser.

Misión del verso, de la poesía,
Será  por siempre hacer sin concesiones
Que el ritmo, la cadencia y la armonía
Dominen del lenguaje las creaciones.

Si se huye de las reglas, me parece
Que   así dejar los versos es mejor
Que al margen de la métrica florece
La prosa hermosa en todo su esplendor.

Por más que el verso evolucione, sigue
Guardando su carácter principal
De ser el arte que encerrar persigue
En bellos moldes la expresión verbal.

El verso nada tiene de ficticio
En su estructura y  también en su juicio.
Que aun en su dogmático ejercicio
La forma cuida sin causar perjuicio
Al fondo del asunto que plantea.
Del arte auténtico es la gran tarea
De condensar la esencia de una idea
En bellas formas que el ingenio crea.

AURELIO ALTAMIRANO HERNANDEZ   
México, D.F., 26 de junio de 1955.